Juan José Bahillo tendrá que apelar a su temple para surfear una agenda que precisamente no será de gestión, sino política. Dos cuestiones, que avizoran con olor a conflicto, incumben al ministerio que lo tendrá al frente, el de Producción.

En la última década Entre Ríos fue epicentro de dos revueltas: la ambiental y la ruralista. Ambas en algún punto se tocan. La instalación de papeleras a la vera del río Uruguay movilizó a la sociedad gualeguaychuense, cuyo reclamo se hizo eco en la provincia, para luego convertirse en una “causa nacional”, como la caracterizó el entonces presidente Néstor Kirchner en aquella voluminosa convocatoria en el Corsódromo de Galeguaychú. La historia ya se conoce: corte de ruta para pasar a Uruguay por tiempo indeterminado y un litigio en la Corte de La Haya. El conflicto diplomático se consumió buena parte del gobierno de Kirchner y Jorge Busti en la provincia.

Bahillo era, en ese momento, un espectador desde una banca en la Cámara de Diputados. No dejó de ir a las marchas sobre el Puente Libertador General San Martín. Fue la vidriera de Alfredo De Angeli, un referente entonces de Federación Agraria que hacía gala de su verba. No había llegado el “minga”.

En 2008 el enfrentamiento entre las entidades agropecuarias y el gobierno nacional tuvieron otra vez a Gualeguaychú como escenario en donde se posaron las cámaras televisivas de todo el país, en su mayoría porteñas. Bahillo ya estaba al frente de la Municipalidad y debió soportar situaciones que limitaron el linchamiento en su propio domicilio. Es posible que el temple del entonces intendente haya evitado que eso suceda. En Buenos Aires se evaluaba dejar el Gobierno, según contó Horacio Verbitsky y nadie lo desmintió.

En resumen: el cuidado del ambiente y las expresiones rurales movilizan, exacerban.

Al inicio de la gestión el gobierno provincial se vio envuelto en una polémica, absurda, por cierto. Sectores ambientalistas solicitaron que se derogue la Ley de la Madera, una norma que prohíbe exportar madera. La misma –aprobada en 2007 al calor del conflicto con Botnia - no es otra cosa que una chabacanería jurídica. Una provincia no puede legislar el derecho a la exportación de un país. El único que se animó a decirlo fue Jorge Monge.

Cuando la derogación llegó a la Cámara de Diputados Bahillo anunció, previo aviso a Gustavo Bordet, que no votaría su derogación.

Como ministro de Producción, el gualeguaychuense se encontrará con un modelo productivo que se lo puede empezar a leer a partir de dos elementos concretos: la reglamentación para fumigar; y la apertura de puertos.

Las organizaciones ambientalistas y la sociedad civil pone cada vez más la lupa en la necesidad de proteger el ambiente. El Poder Judicial ha desempolvado jurisprudencias referidas a l derecho a la salud. El “campo”, mientras tanto, asoma como el sector duro en una orilla de la grieta. Esperan, con cuchillo entre los dientes y al costado de la ruta, las retenciones que les depara el gobierno que asume.
Fuente: Página Política

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