Una nota publicada este lunes en La Nación permite describir el perfil de Gustavo Bordet. En esta oportunidad, el cronista Gabriel Sued, que sigue la campaña de Alberto Fernández, sindicó al gobernador de Entre Ríos como uno de los tres mandatarios que mayor confianza le tiene el candidato presidencial del Frente de Todos. Los otros dos son Juan Manzur, quien aparece como uno de los voceros del ex jefe de Gabinete; y Omar Perotti, quien pretende convertirse en el portavoz de la liga de gobernadores. Esa observación se replicó en otros portales de Buenos Aires.

Bordet pasó a ser para los medios nacionales que se nutren de fuentes porteñas un hombre captado por el radar fernandista. Hasta hace un año, fuentes con sus oficinas en Casa Rosada lo encuadraban en el grupo de dirigentes enrolado en el “peronismo racional”, epíteto que quedó en desuso cuando en el verano el mandatario emprendió el proceso de unidad con sectores sociales y el kirchnerismo. Se dirá, ahora, que el Gobernador es un peronista a secas que lo que quiere es ganar elecciones. Quién no.

Que haya sido bien recibido por el gobierno nacional durante los tres primeros años y que hoy aparezca en el círculo de confianza de Fernández lo explica un recorrido. Empezó su gestión asegurando que el kirchnerismo era una etapa terminada y se alzó con el triunfo más importante que un gobernador pudo obtener en la democracia moderna alcanzado el 58 por ciento con una vice como Laura Stratta, de las pocas que reivindicaron los últimos 12 años.

En su primera etapa al frente del Ejecutivo, Bordet puso la energía en los números de la provincia. El fallo de la Corte Suprema de Justicia exigiendo la devolución del 15 por ciento de la coparticipación fue la base del equilibrio fiscal del que se jactan varios mandatarios. Un montón de planetas se alinearon para que la paz social se mantenga en Entre Ríos pese a los magros acuerdos con el sector público. Uno de ellos es la presencia de Mauricio Macri y un fenomenal plan de ajuste. Ese contexto permitió minimizar el accionar de los sindicatos.

Bordet votó la catastrófica reforma previsional y se separó aún más del kirchnerismo, que no levantó la mano en el Congreso. A partir de ese episodio surgieron las pintadas “Bordet igual Macri”. Cuando se empezó a acercar el 2019 electoral y la etapa de definiciones hubo presiones en el seno del gobierno y el peronismo para que el Gobernador deje de lado a ese sector que había sido refractario. Eran los momentos de la Alternativa Federal y el proyecto de un peronismo que interpele a la sociedad de otra manera. Desde la autocrítica a los 12 años de gestión y una apertura para construir una nueva mayoría. Ese plan no lo ejecutaron los pretendientes a ser precisamente una alternativa, sino el kirchnerismo desde el momento mismo en que Fernández y Cristina Kirchner se volvieron a ver después de 10 años de distanciamiento. La estrategia, la identidad política y los votos estaban otra vez sobre una misma mesa.

El Gobernador observó ese proceso y en febrero recibió a Fernández para plasmar la unidad. El entonces operador y ahora candidato presidencial reconoce que Entre Ríos fue una incubadora del proyecto que le dio el 47 por ciento de los votos el domingo.
Fuente: Página Política

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