El 9 de junio de 2019, Gustavo Bordet se convertía en el gobernador entrerriano que fue electo (en este caso reelecto) por el porcentaje más alto desde la reapertura democrática de 1983: el 57,43% de los votos. Es el segundo de toda la historia, después del justicialista Felipe Texier, que obtuvo el 62% en 1951.

El triunfo fue además aplastante, porque le sacó una diferencia de casi 22 puntos al segundo, la fórmula de Cambiemos que integraron Atilio Benedetti y Gustavo Hein.

Bordet pasó, en casi cuatro años, del 42 al 57 por ciento de los votos por cuatro razones centrales: 1) méritos propios; 2) reunificación peronista (en 2015 la suma de los votos de Bordet y el massista Adrián Fuertes dió una cantidad similar a la del peronismo unido en 2019); 3) crisis económica: el presidente Mauricio Macri fue sucesivamente castigado en las elecciones provinciales anticipadas de ese año; 4) ausencia de un candidato competitivo en la oposición.

Entre Ríos tuvo hace un año la elección más polarizada de este siglo. Fue la primera vez desde 1999 que el peronismo de Entre Ríos llevó un solo candidato para la gobernación. En 2003, 2007, 2011, 2015 hubo siempre una segunda fórmula peronista que terminó ocupando el lugar de tercera fuerza electoral.

Ese nuevo esquema de acuerdos internos en el peronismo (que además contuvo un frente de once partidos), sumado a la continuidad de la alianza entre la UCR y el PRO hizo que entre el Frente Justicialista Creer Entre Ríos y el frente Cambiemos se concentre el 93% de los votos de la elección del 9 de junio de 2019.

Entre Ríos pasó a ser una provincia sin terceras fuerzas. En tercer lugar se ubicó la Confederación Vecinalista de Entre Ríos, pero sólo con el 1,93% de los votos, virtulamenta empatada con el MST. Y el Partido Socialista, que en otras épocas fue parte de una tercera fuerza, cayó al quinto lugar con el 1,7%. Una novedad de ese año, como el partido Ser, logró apenas el 1,44%.
Voto compartido
El año electoral dejó claro que en el 57% de la reelección de Bordet estaba contenida una buena franja de votos independientes que acompañaron a Cambiemos.

Los entrerrianos votaron cuatro veces en 2019. En las primarias provinciales de abril, el peronismo obtuvo una ventaja de 25 puntos sobre Cambiemos. En las generales provinciales de junio esa diferencia fue de 22 puntos.

En las primarias nacionales de agosto, la diferencia se redujo a menos de la mitad: el peronismo le sacó casi 10 puntos a Juntos por el Cambio (así se rebautizó electoralmente Cambiemos). Y en las elecciones generales de octubre, la alianza de macristas y radicales dio vuelta el resultado y dejó al peronismo abajo en Entre Ríos, que quedó pintada de amarillo en el mapa electoral nacional.

Se ratificó en octubre lo que ocurrió en 2015, cuando Bordet llega al poder en una elección general (nacionales y provinciales juntas) en la que había ganado Macri en la provincia. Bordet vence al candidato a gobernador de Cambiemos, Alfredo de Angeli, por apenas 22 mil votos. Hubo, ya entonces, un voto compartido entre Macri y Bordet: muchos electores de Cambiemos prefirieron al peronista antes que al chacarero que dos años antes se había convertido en senador.

En 2015, Macri era lo nuevo, la promesa de cambio ante el agotamiento social con los 12 años de kirchnerismo. Pero cuatro años después, Macri subió su porcentaje de votos en Entre Ríos en casi 7 puntos, en medio de una crisis fenomenal, con absolutamente todos los indicadores económicos en contra.

Con el diario del lunes, se puede ponderar el tiempismo de Bordet. Acertó con el desdoblamiento electoral y no pagó ningún costo por haberse aliado al kirchnerismo. Evidentemente, en el 57% con el que fue reelecto en junio hay votos que en octubre fueron para Macri y que no rechazaron la reunificación peronista en la provincia, quizá porque Sergio Urribarri no fue candidato. He aquí otro acierto de Bordet: en febrero de 2019, cuando se armaron las listas de la reunificación peronista en Entre Ríos, sólo aceptó candidatos kirchneristas de ficha limpia. El negociador de ese armado por el lado de Cristina fue Alberto Fernández, que por esos días no tenía ni idea de lo que le esperaba.
Más poder
Al haber superado con holgura la mitad más uno de los votos en la elección del 9 de junio, Bordet inició su segundo mandato con 20 diputados, es decir, dos más que los 18 con los que arrancó en 2015, cuando ganó con el 42%. Pero como luego los 4 diputados electos por el Frente Renovador se sumaron al oficialismo, Bordet gobernó en su primer mandato con 22 votos en la Cámara baja.

En los hechos, durante su segundo mandato Bordet tiene 2 votos menos. Ya no hay peronistas que sumar desde la oposición, como venía ocurriendo desde 2007. Otra consecuencia o, si se prefiere, un efecto colateral de la reunificación peronista que polarizó el escenario político y le terminó dando dos diputados más a Cambiemos (pasó de 12 a 14), a pesar de la contundente derrota electoral de junio.

Más claro fue el crecimiento en el Senado, donde Bordet pasó a tener 13 bancas; cinco más que en su primer mandato.

También fue contundente el crecimiento en las intendencias. Respecto de 2015, el peronismo sumó 15 ciudades y pasó a controlar 45 gobiernos municipales. El más importante, naturalmente, la capital Paraná, en este caso con otra gran ayuda extra: la del intendente Sergio Varisco, sus asociaciones narco, su mala gestión y esa curiosa imprudencia de colgarse de la luz.
Fuente: Página Política

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