Un día que no recuerdo del año 2012, apareció el fotógrafo Julio Blanco subiendo las escaleras hacia la Redacción de El Diario y cuando pasó frente de quienes estábamos en las computadoras, dijo, a su estilo: “Che, en el fallo del convenio nos van a cagar”. Y siguió para el fondo, donde estaba el área de fotografía. A esa definición técnica y jurídica le siguió una reacción inmediata en forma de pregunta: ¿qué hacemos?

La información que el reportero gráfico trajo era que en el Superior Tribunal de Justicia (STJ) estaba al salir un fallo por dos votos a uno en el que se echaba por tierra la aplicación en Entre Ríos del Convenio Colectivo de Trabajo Número 541, firmado en 2008, que se había judicializado porque la empresa se negaba a pagarlo. Se enterraba así un reclamo de años de todos los trabajadores de prensa de la provincia.

El martes siguiente, día de la semana en que los vocales celebran los acuerdos, un grupo de trabajadores de El Diario nos reunimos en la explanada de los tribunales con cánticos en contra de los magistrados que iban a sepultar la legalidad de un convenio colectivo de trabajo en favor de los empresarios. La sentencia en la Sala Laboral iba a salir de la siguiente manera: el voto en favor de los periodistas era el de Germán Carlomagno, mientras que en contra lo harían Susana Medina y Bernardo Salduna.
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Empezamos a juntarnos todos los martes en la puerta del palacio de justicia. En los siguientes episodios habíamos agregado bombos que aportaron los sindicatos de trabajadores estatales y docentes. A eso se sumaron dirigentes de esas entidades gremiales y colegas de otros medios. Periodistas de APF, de la agencia AIM y otros independientes estuvieron en cuanta movida hubo.

El Sindicato de Prensa de Entre Ríos, enrolado en la CGT, estaba en manos del impresentable Osvaldo Couceiro. Los periodistas habían empezado a organizarse bajo el paraguas de la CTA. Esa entidad embrionaria fue la Unión de Trabajadores de la Comunicación de Entre Ríos (Utcer).

Los encuentros de los martes sumaban cada vez más gente de otros ámbitos. Por ejemplo, personalidades de la cultura local. Mientras tanto, los periodistas del matutino acudían a las redes repudiando el fallo inminente, que solo faltaba que se oficialice, porque ya estaba firmado. La segunda etapa fue la de establecer una ronda de entrevistas con distintos actores. Los primeros en anotarse para recibirnos fueron los dirigentes opositores, quienes aprovecharon el contexto de un diario que había sido intervenido editorialmente por el gobierno de Sergio Urribarri. Los únicos dirigentes peronistas que recibieron a los trabajadores de prensa fueron el vicegobernador José Cáceres, el diputado Julio Solanas y Aldo Bachetti, lo que les valió una reprimenda del entonces mandatario provincial. Gremios de otras actividades se solidarizaban a diario. Se volanteaba en los tribunales y en la esquina del matutino.

El conflicto judicial de El Diario se tornó social. Había dejado de ser algo sectorial. Los perfiles de Facebook de los periodistas, hervían. Allí se replicaban los documentos que en minutos tenían cientos de compartidos. La creatividad fue determinante en la convocatoria. Se había inventado un bonete hecho con papel de diario que todos los periodistas se ponían en repudio a la decisión judicial que se venía y que todos coincidían en que era un contubernio con los dueños del medio. Una noche, luego de un día de paro, Mauricio Antematen apareció abriendo su programa en Canal Once con el bonete puesto.

La tensión fue creciendo con medidas más duras, como cortes de calle frente a los tribunales. El punto de máxima tensión fue cuando con una batucada se ingresó por la fuerza al mismísimo edificio tribunalicio hasta llegar a la puerta de la Sala Laboral. Los policías miraban atónitos. Los videos de la batucada por los pasillos de tribunales fueron viralizados. Los periodistas de El Diario ya habían sorteado las barreras de Paraná. Medios nacionales habían tomado nota de lo que sucedía en esta comarca.
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La vocal Medina se vio obligada, en una medida excepcional, a llamar a una audiencia de la que participaron trabajadores de El Diario y representantes de las pseudo-entidades de diarios entrerrianos, la mayoría inventadas por la familia Etchevhere.

Las empresas, obvio, aducían que no podrían pagar ese convenio, mientras que los periodistas sólo reclamaban su aplicación, que tenía jerarquía de ley.

El 25 de abril de 2013 salió el fallo, dos a uno, pero en favor de los periodistas. Medina lo hacía por la aplicación del convenio. Salduna quedó en soledad por la negativa.

La empresa Sociedad Anónima Entre Ríos (SAER), editora de El Diario, no tuvo más remedio que empezar a pagar lo que correspondía.

El devenir de la empresa periodística se conoce y es lamentable. Dejó como saldo el despido de ochenta trabajadores. Ese diario que narró a su manera durante 106 años la realidad de Entre Ríos, tuvo un grupo de trabajadores que, sin proponérselo, concitó la atención de varios. Esa atención se convirtió en compromiso ante un despropósito judicial. La batalla se dio en todos los campos, y se ganó.
Fuente: Página Política

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