Pagliotto (21) con Alfonsín en 1981 en el desaparecido Club Apren de Paraná.
Pagliotto (21) con Alfonsín en 1981 en el desaparecido Club Apren de Paraná.
Quizás se crea que hay muy poco por conocer de Rubén Pagliotto. Quizás sea un error. Mediático y polémico, el abogado de Paraná se anota en todas.

Enrolado en el radicalismo desde la juventud, ocupó lugares en el partido y en centros de estudiantes en la Universidad Nacional del Litoral, donde se graduó.

Sólo ocupó un cargo público durante el segundo gobierno de Sergio Montiel. Fue adjunto de la Fiscalía de Investigaciones Administrativas (FIA) que conducía Oscar Rovira, de quien luego se distanció.

A fines de los ’90, cuando se empezó a gestar lo que luego sería la Alianza, Pagliotto integró el Frente Grande y la agrupación Mate Amargo, una de las pocas expresiones de la coalición que sostuvo el vínculo con el caudillo radical. Sin embargo no dudó en denunciarlo cuando derogó la Semana de la Memoria. Luego lo volvió a hacer por descuentos del Iosper a trabajadores sin que se les brinde cobertura y por la aplicación de la 9235, que hizo caer contratos en el Estado. En el medio nunca dejó de dar clases en la Universidad Nacional de Entre Ríos (UNER) junto a Luis Laferriere y Roberto Schunk.

Cuando Jorge Busti logró su tercera Gobernación, Pagliotto fue de los principales detractores. El entonces gobernador lo querelló por las cosas que el abogado denunciaba en los medios. Pagliotto no se retractó, como le exigió el mandatario y finalmente éste levantó la querella.

La desaparición de Fernanda Aguirre fue verdaderamente una crisis para el gobierno justicialista. Busti trató de ordenar a todos los actores en el proceso judicial. Puso al estudio de Julio Federik para que represente la familia de la víctima. Meses antes se hicieron algunas maniobras que despertaron sospechas en torno a la jubilación de Felipe Celli, a quien Busti no quería que sea ese tribunal que juzgue el caso. Pagliotto defendió a Raúl Momzón, el chivo expiatorio al que el poder había apuntado para condenarla y dar una señal a la sociedad. Pagliotto logró su absolución.

Antes de dejar el gobierno, Busti designó a dos vocales para el Superior Tribunal de Justicia (STJ): a su fiscal de Estado y abogada personal, Claudia Mizawak; y a su alfil en la Legislatura, Emilio Castrillón. Pagliotto encabezó las impugnaciones junto a grupos de abogados, en los que estaba su socio Jaime Martínez Garbino.

No es un antiperonista o “gorila” como se lo puede llamar. Lo nublan los hechos de corrupción. No distingue banderas políticas en ese asunto. Por estos tiempos dice estar asqueado de “la política acuerdista”, en la que solo ve intereses particulares, también sin distinción de banderías.

Fue tres veces candidato a senador. En la primera lo hizo por el Frente Grande. Luego, en pleno apogeo del kirchnerismo, Pagliotto se sumó a la propuesta que encabezó Hermes Binner y Margarita Stolbizer. La tercera, en soledad, lo hizo directamente por el GEN.

Representó a víctimas en el juicio contra el genocida Albano Harguindeguy por delitos de lesa humanidad en Entre Ríos. El proceso duró 9 meses con audiencias semanales. Pagliotto estuvo en todas sin cobrar un solo peso. Antes había integrado la Asamblea Argentina por los Derechos del Hombre.

Actualmente su buffet lo integran Iván Vernengo y Damián Petenatti. En la comunidad judicial quizás tenga más amigos peronistas que radicales. Miguel Ángel Cullen y Guillermo Vartorelli son colegas con los que comparte cosas más allá de lo que le permite la profesión.

Mantiene relación con muchos de los actores que tienen sus despachos en los alrededores de Plaza Mansilla. Su estudio también está en el contorno del centro cívico. De lengua filosa y capacidad de divulgación efectiva como pocos, cuando estalló el escándalo de los contratos truchos en la Legislatura, un dirigente de la primera línea lo fue a ver para decirle que no tenía nada que ver. Ese episodio, en el que también estaba Guillermo Mulet, Pagliotto lo entendió como un pedido para que le tenga piedad.

Denunció a Sergio Urribarri, lo que le valió que muchos periodistas lo tengan primero en la agenda durante los cuatro años que al país lo gobernó Cambiemos. Con gracia cuenta que muchos, finalmente, lo llaman sólo cuando denuncia a dirigentes políticos, pero cuando lo hace con funcionarios judiciales lo esquivan. Pagliotto pega, siempre, en el corazón del círculo rojo.

Acérrimo crítico del procurador general, Jorge García, lo denunció en sede tribunalicia. Con el diputado Eduardo Solari, a quien asesora, lo volvió a denunciar las últimas semanas por entender que el jefe de los fiscales violenta el derecho a la información en causas de corrupción.

Pagliotto tiene una virtud que no se ve en la comunidad judicial ni en la política. Critica y acusa sin especulaciones sabiendo que todo lo que viene es en contra de sus intereses. En resumen: cuestiona a los operadores del sistema donde él mismo litiga. Un peronista, hace poco, lo pintaba como un audaz dispuesto a mover la ligustrina: “Muchos criticamos al Ministerio Público Fiscal, lo mal que está el Poder Judicial, etcétera, etcétera, pero quien lo dice y lo pone en la agenda pública es Rubito”.

En los últimos cuatro años selló una relación con Rogelio Frigerio, el jefe político de la alianza en Entre Ríos. Durante esos años asesoró a Raymundo Kisser en el Senado. Desde allí surgieron denuncias por casos de corrupción, además de las de Urribarri. Incluso contra Gustavo Bordet y funcionarios por la licitación de obras del Cierre Norte y cuyo único oferente fue la empresa China National Import Export Corporation-Yutong SA. La causa fue archivada.

Con Kisser y el diputado del PRO, Esteban Vitor, se encargaban de llevarle a Frigerio informes judiciales de la provincia. Fue el ministro del Interior quien le pidió un nombre a este trío para cubrir la vacante en la Sala Penal que había dejado Carlos Chiara Díaz. Allí surgió el nombre de Miguel Ángel Giorgio.

Terminó asqueado con Cambiemos. Esa sensación seguramente comenzó cuando tuvo que defender a Sergio Varisco en la causa por narcotráfico. Antes de la condena al ex intendente, Pagliotto le empezó a decir lo que pensaba de Patricia Bullrich a Frigerio respecto a la causa. A Mauricio Macri no lo toleró ni un día. “Ni siquiera es un porteño cheto. No es nada”, repitió como muletilla en varias oportunidades.

La cuarentena lo encontró manteniendo conversaciones con viejos radicales cercanos a Ricardo Alfonsín, embajador en España. Defiende a Alberto Fernández en privado, aunque con reservas, más que nada por lo que cree que se está formando enfrente. Públicamente salió a bancar la expropiación de Vicentín. Otra vez la corrupción lo guió a Pagliotto.



Nota número trece de una serie de perfiles que Página Política irá publicando en un espacio llamado “En foco”.
Un constructor en la vidriera Federico Malvasio 17 Jul, 2020
El rosquero de la sociedad civil Federico Malvasio 07 Jul, 2020
En pie de guerra Federico Malvasio 25 Jun, 2020
La comunicadora Federico Malvasio 16 Jun, 2020
Un radical en línea Federico Malvasio 14 May, 2020
Anatomista del poder Luz Alcain 23 Abr, 2020
En el nombre del padre Federico Malvasio 15 Abr, 2020
La forastera Federico Malvasio 06 Abr, 2020
La guardiana Federico Malvasio 25 Mar, 2020
Firme, más que nunca Federico Malvasio 03 Mar, 2020
El inoxidable Federico Malvasio 05 Feb, 2020
Fuente: Página Política

Claves

En foco Pagliotto

Publicá tu comentario

¡Tu comentario fue enviado con éxito!

La publicación del mismo está sujeta a la aprobación del moderador. Muchas gracias.

¡Escribí tu comentario!

* 600 caracteres disponibles

Comentarios

El comentario no será publicado ya que no encuadra dentro de las normas de participación de publicación preestablecidas.

Publicá tu comentario

¡Tu comentario fue enviado con éxito!

La publicación del mismo está sujeta a la aprobación del moderador. Muchas gracias.

¡Escribí tu comentario!

* 600 caracteres disponibles