Dos episodios marcan la arquitectura ideológica en el que se sumerge la política entrerriana. Paraná, como capital de la provincia y tablero desde el que se conduce el poder, lo resalta. La gestión municipal casi se jacta de la identidad política que va marcando su hoja de ruta.

“El conflicto empresario - UTA nos excede”, dijo Eduardo Macri en referencia al paro de colectivos que lleva un mes. La frase del secretario de Hacienda revela la ausencia del Estado. El funcionario reconoció que el tema “no da para más”. Menos mal.

La falta de solución al conflicto debe haber sido la medida más eficaz en el marco del aislamiento social. Si no hubiese habido pandemia hubiera sido imposible llevar con normalidad el ciclo lectivo y la administración pública. La continuidad de la concesión sólo favorece a los empresarios. Sergio Varisco le dio el servicio a ERSA, cuyo director fue funcionario de su primera gestión: Roberto Albisu. Adán Bahl nombró funcionario a Sebastián Lischet, hijo de Marcelo, gerente general de la firma. Al frente del área de Transporte está el macrista, Diego Duglovitsky. Los incendios en las islas entrerrianas frente a Rosario y San Nicolás llevan devorándose 5 mil hectáreas. El debate central, con salvadas excepciones, es en torno a la responsabilidad penal del bochorno que se respira en el aire. La quema de esas grandes masas de bosque tiene como objetivo despejar zonas para el engorde de ganado. Todo a costa de la flora y la fauna del lugar. Una muestra perfecta que cuatro meses de parálisis y mirar por televisión un mundo desorientado sirvieron de muy poco.

El gobierno provincial prometió torres de vigilancia. Las mismas llegarán ya con miles de hectáreas de un ecosistema pulverizado. Con las fumigaciones sucedió algo similar. Se esgrimió que el Estado no tiene las herramientas para controlar en todo el territorio los abusos en la utilización de glifosato. En una sesión, el diputado Esteban Vitor dijo que sólo había una sola camioneta destinada para esa tarea. Sin embargo, la plaza automotor estatal es enorme. Con solo pasar un fin de semana común por algún club o gimnasio se pueden ver autos oficiales estacionados. El Estado es grande y poderoso.

Por estas horas, las noticias que llegan de actores, músicos, cirqueros son de una profunda tristeza. Salas de teatro que no aguantan más y cines que ya dejaron de pagar sus alquileres. ¿Si se permite que gente se reúna en un bar, por qué no se puede ver una película o un recital con distanciamiento?

La cultura suele estar al fondo de las plataformas de gobierno. La cultura fue de los pocos sectores sociales que estuvo donde tenía que estar. En la vereda de enfrente del neoliberalismo. Lo hizo con Carlos Menem, cuando la cultura estaba en manos de Jorge Asís, al que muchos peronistas siguen con devoción como el hombre “que la tiene clara”, que “tira la posta” y aparte es gracioso. La cultura combatió a Fernando De la Rúa y Domingo Cavallo y también lo hizo con Mauricio Macri. Fue el canal de expresión de lo que pasaba.

En Paraná la apuesta la centraliza la cerveza artesanal.
Fuente: Página Política

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