Lucía Varisco estuvo, el 9 de junio pasado, por primera vez en un cuarto oscuro en el marco de una elección general. Su padre era el candidato a intendente y ella a diputada provincial en cuarto término en la lista de Cambiemos. Esa cercanía en una boleta es anecdótica. Padre e hija constituyen una pareja política desde que la joven legisladora tenía 10 años. Su abuelo Don Humberto era intendente y Sergio su secretario privado. Corría el año 1997 y Lucía pasaba los días enteros haciendo la tarea de la escuela en la mesa de algún despacho de la Municipalidad de Paraná. En sus tiempos libres jugaba en el playón de estacionamiento. A partir de allí siguió a su padre a cuanta reunión, encuentro o recorrida barrial estuviese en la agenda política.

Tiene 29 años y se afilió a los 15, edad que fija el partido para hacerlo. Cuando obtuvo su carnet, en la Juventud Radical, ese ámbito no tenía relevancia. La intensidad la vio recién en la UNL, cuando se sumó a Franja Morada. Como corresponde, la política retrasó su carrera. El 14 de febrero pasado aprobó su última materia en abogacía.

Entre la militancia universitaria y la militancia a secas no duda. Prefiere la segunda. Cerca de Lucía dicen que sigue las formas de su padre: “política en la calle, con el vecino”. Ese manual fue escrito por su abuelo, el creador de la marca Varisco. Lucía tenía 11 años cuando falleció Don Humberto, como quedó registrado en la historiografía local. Tiene un recuerdo fresco. Lo atribuye a la buena relación que tuvieron. También lo adjudica a la vocación política que ella demostraba desde que era una niña al acompañar al padre al Municipio.

Su desarrollo fue durante el kirchnerismo, época de vacas flacas para el centenario partido. Su padre fue diputado nacional (2005-2009). Durante esos años lo acompañó en Buenos Aires, lo que le permitió establecer contactos con la dirigencia nacional de su generación.

Con el correr de los años fue teniendo más relevancia en el espacio de su padre, el Movimiento de Unidad Radical (MUR). Tiene un lejano recuerdo de la campaña a intendente en 1999 y de la de 2003, por la Gobernación. El 2007 ya la tuvo repartiendo boletas. En 2011, cuando le tocó acompañarlo a su padre en la segunda derrota por la Intendencia, su presencia ya no era la de “hija de”, sino la de una militante.

Cuatro años después llegó el júbilo, pero también el calvario. Sergio Varisco asumió su segunda gestión como intendente en la alianza con el PRO. Al poco de andar, su gobierno se vio envuelto en el escándalo de la causa por narcotráfico que le valió una condena que fue apelada. Lucía era la secretaria privada del padre, como éste lo había sido del suyo. No es una coincidencia. Varisco dice haber aprendido mucho al lado de su padre, no solo en la conducción política sino en el plano de la administración. Ese mandato su hija lo tomó al dedillo. La política y lo afectivo es una sola cosa. La noche del 23 de diciembre de 2018 fue Lucía quien escuchó de boca de los médicos del Hospital Militar que el corazón de su padre no daba más y que era muy probable que no pasara la noche.

La joven diputada – cuentan quienes la conocen- pasó sus peores momentos cuando el apellido ocupaba las primeras planas de los medios nacionales. Hay un hecho que la traumó. Fue cuando estando en su pequeño despacho, un agente de la Policía Federal ingresó para secuestrarle el celular. Peor, a los pocos minutos en un canal porteño se titulaba “la amenaza de la hija de un intendente…..”. Era exactamente al revés. El allanamiento había sido porque en su teléfono había recibido una amenaza. El episodio refuerza una hipótesis que para Lucía es una certeza: hubo una decisión, desde Buenos Aires, de cargar contra su padre. Quienes la frecuentan dicen que jamás les puso nombres y apellidos a los autores del supuesto complot. Como su padre, prefiere guardar algunas cosas. Cuenta poco. Está convencida que lo que se conoce como lawfare opera en Paraná y su familia fue una víctima. Lo defiende a Varisco con argumentos que él mismo esgrimía en campaña: el escaso patrimonio y el bajo nivel de vida no son compatibles con un narco.

Si hay un resentimiento con el PRO no se le nota. Sí en cambio, las diferencias políticas. Con humor le han escuchado decir que “el macrismo se la pasó divulgando que la posta era camisita sin corbata y candidato sin bigote, y terminó ganando uno con corbata y bigote”. Esa anécdota la utiliza para hacer una defensa y una jactancia. La primera tiene que ver con la política. Asegura que “la vieja política es la buena, la que va a las seccionales; la nueva es la mala”. La segunda es sobre la estética. Toma de buen humor que al padre lo critiquen por la forma en que se lo ve. Se jacta de ser igual en no tener ningún interés por lo que se pone para salir de la casa. “Mi viejo sale de su casa como cualquier trabajador”, dijo en una reunión.

Su inicio en la Legislatura la encontró en plena recesión por el coronavirus. No obstante presentó un proyecto para crear una comisión investigadora por el femicidio de Fátima Acevedo. La tarea legislativa la encuentra ante una novedad. Mientras tanto espera que termine la cuarentena para volver hacer lo que más le sale, la política.


Sexta nota de una serie de perfiles que Página Política irá publicando en un espacio llamado “En foco”.
La forastera Federico Malvasio 06 Abr, 2020
La guardiana Federico Malvasio 25 Mar, 2020
Firme, más que nunca Federico Malvasio 03 Mar, 2020
El inoxidable Federico Malvasio 05 Feb, 2020
Fuente: Página Política

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