Rogelio Frigerio eligió pasar su cuarentena en “el campo”, como le llama a su residencia en Villa Paranacito. Lleva allí mucho más de 40 días. Dicen que la vio venir y, un par de semanas antes del 20 de marzo, escogió como lugar de aislamiento social la comodidad de su espacioso domicilio legal, ese que lo define formalmente como un político entrerriano, aunque haya sido y sea un actor importante de la política nacional por su desarrollo en la capital del país.

Cuando el mandato de Mauricio Macri llegó a su fin, decidió guardarse. Un poco por el cansancio personal que le dejó la centralidad política de ocupar el Ministerio del Interior por cuatro años; otro poco porque interpretaba que debía llamarse a silencio luego de haber integrado un gobierno que, a todas luces, fracasó en la economía, justo donde muchos suponían que sería más “eficiente”. Y Frigerio, como economista, asistió en silencio al naufragio de ese gobierno de CEOs, que integró como parte del ala política. No habló entonces, mucho menos lo haría en los primeros tramos del nuevo gobierno.

Recién apareció el lunes pasado, a fines de abril, con la publicación en Infobae de una columna de opinión que lo ratifica como uno de los referentes dialoguistas del PRO. Allí plantea la necesidad de una concertación, lo mismo que en reiteradas oportunidades le propuso a Macri sin éxito.
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Frigerio fue y es un moderado del PRO. Un hombre que, a diferencia de muchos en ese partido, respeta y valora la tradición política. Al estilo del exdiputado Emilio Monzó, con quien lo unen dos cosas: su cercanía con el peronismo y una consultora política que fundaron a fines del año pasado y que no casualmente llamaron Symfonia, que significa “acuerdo” en griego. Es su ocupación en el llano y apunta, en principio, al asesoramiento de empresas. Dicen que no han podido cerrar acuerdos más que con un par de ellas porque, a poco que tuvieran armada la consultora, se vino la peste y todo se trastocó.

Symfonia Sociedad Anónima refuerza los lazos de Frigerio con la Ciudad de Buenos Aires. No sólo porque tiene sus oficinas en el centro porteño, a metros del Obelisco, sino porque desde su origen fue concebida como una plataforma para trabajar por la candidatura presidencial de Horacio Rodríguez Larreta en 2023. Como contó Página Política en marzo, mucha dirigencia local de Cambiemos cree que el futuro de Frigerio no estará en Entre Ríos sino en la Ciudad de Buenos Aires, donde su nombre suena como uno de los sucesores de Larreta. Naturalmente, Frigerio no da señales sobre ese futuro. No quiere rifar el predicamento que conserva en Entre Ríos aun luego de haber dejado el gobierno nacional. Le ha repetido a muchos que salió muy cansado de la función pública, muy frustrado en algunas cosas; que no lo desvela ningún cargo y que va a hacer lo que entienda que tenga que hacer en el momento justo. Y este, claro está, no es ese momento. Mucho menos en este contexto de emergencia. Habrá que esperar hasta el año que viene. Podría ser candidato a diputado por Entre Ríos o por Buenos Aires, según dónde proyecte su mediano plazo.
Interpelación
Aunque no ha vuelto a pisar el territorio desde que dejó el poder, mantiene diálogo con la dirigencia entrerriana. Pero niega, a quien se lo pregunte, haber bajado la orden para frenar la interpelación a la ministra de Gobierno Rosario Romero por el femicidio de Fátima Acevedo, que impulsó el interbloque de diputados provinciales de Cambiemos.

Sin embargo, su posición en contra de la procedencia de la interpelación coincide con la de los cuatro diputados que la hicieron caer. Casualmente, tres macristas y un peronista en Cambiemos a los que en la interna se ubica cercanos a Frigerio. Frigerio es, incluso, un poco más preciso y contundente que los diputados en la argumentación. Dice que una interpelación debe plantearse recién luego de un pedido de informes y sobre la respuesta que a ese pedido ofrezca el ministro en cuestión. Que hacerlo antes es hacer política, en el peor de los sentidos. En este caso, con la muerte de Fátima. Nadie más que Frigerio y los cuatro diputados saben si existió el pedido para salvar a Romero, como deducen algunos pares de bancada en Cambiemos. Si existió, reconocerlo por parte de Frigerio significaría asumir dos cosas: su salvataje a una ministra del gobernador peronista Gustavo Bordet y su débil predicamento sobre el interbloque opositor, porque sólo logró convencer a 4 sobre 14 diputados. Y en esas filas hay más de 4 cercanos al ex ministro. Al menos en teoría.
Rol opositor
Como buen dialoguista, Frigerio le busca quitar trascendencia a las ostensibles diferencias de criterios con el ala dura de Cambiemos sobre el rol opositor que deben mantener en este período. Y, para demostrarlo, desde su entorno aseguran que hasta Patricia Bullrich le escribió para ponderar su columna de opinión de la semana pasada.
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Frigerio sostiene que pintarse la cara como oposición –como mucha dirigencia plantea en los chats internos de Cambiemos- es justamente lo contario a lo que los estudios de opinión pública aconsejan en este momento. Entiende que el grueso de la sociedad está muy asustada, no sabe que diablos va a pasar con la pandemia y quiere ver a sus dirigentes trabajando en conjunto, llevando tranquilidad.

Nunca se entendió con un ala de dirigentes de Cambiemos a la que percibe un tanto cómoda, que en la cuarentena se ha vuelto aún más adicta al sillón, y que se guía por el microclima de las redes sociales; en particular por el tono pendenciero que domina Twiter. Nunca les pudo hacer entender que allí está expresada, como mucho, el 15% de la sociedad.

Respeta a los que son duros por convicción, pero observa que algunos terminan resultando funcionales a lo que quiere todo oficialismo: la división de la oposición. Entiende que el grueso de la sociedad está totalmente ajena a las internas y que los debates públicos no hacen más que exhibirlas en perjuicio de la imagen opositora.
Comodidad entrerriana
Los que lo han frecuentado en estos años aseguran que Frigerio no ha dejado de asombrarse por el grado de “hipocresía” que encontró en la política entrerriana, en comparación con el resto del país. Aunque son varios los entrerrianos que piensan justamente eso de él, Frigerio se jacta de ir siempre “de frente”.

Ocurre que también se ha quejado de cierta “mediocridad” y “comodidad”; de un apego al rol de opositor que lleva al grueso de la dirigencia entrerriana no peronista a cuidar sus pymes en lugar de trabajar en serio para llegar al gobierno.
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De allí explica las resistencias que encontró –en especial de algunos radicales- a la apertura del frente opositor a dirigentes de otros espacios políticos.

La UCR provincial siempre desconfió de las finales intenciones de Frigerio, a quien asocian con el peronismo en sus versiones no kirchneristas.
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No ven fantasmas, sino historia reciente: nunca olvidan que hizo campaña con Jorge Busti en 2013 y que mantuvo una muy buena sintonía con Gustavo Bordet en los últimos cuatro años. Y muchos han acumulado rencor por el “maltrato” del PRO hacia el partido que le brindó territorialidad para llegar al poder.
Futuro de Cambiemos
Por estos días extraños, Frigerio no se atreve a trazar un pronóstico sobre el futuro de Cambiemos. Le ha dicho a Macri que hay que respetar matices, ser flexible. Porque cuanto más rígido se es, más posibilidad hay de fractura.

En su visión, hay que plantear tres o cuatro definiciones básicas sobre las que nadie pueda sacar los pies del plato y, por lo demás, dar mucha libertad. Cree que es la mejor manera de sostener la unidad de Cambiemos.

De cualquier modo, entiende que es normal el panorama de dispersión que se observa en Entre Ríos. Lo encuentra lógico luego de una derrota electoral tan contundente para el orden provincial –por 22 puntos de diferencia en junio- y ya sin la referencia del gobierno nacional que ordenaba muchas de las peleas internas en la provincia.

Reconoce la orfandad de referencias provinciales en Cambiemos. No hay un dirigente con el suficiente respeto del resto que pueda ordenar esa dispersión. Y parece que no le interesa, por lo pronto, ocupar ese espacio vacante.

Tanto es así, que se ha pronunciado a favor de conformar la tan postergada mesa de conducción provincial de Cambiemos. Cuando estuvo en el poder, Frigerio resistió la integración de un espacio de toma de decisiones horizontal y ahora que no ocupa cargos, la promueve. Justo en un año en el que los radicales han dejado de pedir esa mesa, porque tienen internas partidarias y les reditúa criticar al PRO en busca del voto de los afiliados.
Dedo
Montado sobre las mezquindades de la interna radical, Frigerio dominó en el último lustro a la UCR entrerriana. La dejó por primera vez en su historia sin candidato a gobernador (en 2015); le armó las listas para cada elección; tachó decisiones del congreso radical; y hasta le negó el pegado de boleta en una interna al mismísimo presidente del Comité Provincial.
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Sin embargo, se define como un defensor de las internas. Las que nunca le permitieron hacer en el orden nacional porque se impuso la visión de Marcos Peña para respetar acuerdos fundadores de Cambiemos. Había que evitar las elecciones a nivel nacional para no hacer desaparecer a la territorialmente escuálida Coalición Cívica de Elisa Carrió, que de lo contrario nunca hubiera sumado 15 diputados. Lo propio podía pasar incluso con el PRO en muchos distritos.

Ante sus cercanos, Frigerio se muestra casi como una víctima del rol que “le tocó” jugar en Entre Ríos. “Yo quería ir a internas, por convicción y porque sabía que si no íbamos, el boludo que tenía que definir las listas era yo, y es el que siempre termina en la peor situación. Cuando uno arma una lista, el que está afuera te odia y el que está adentro nunca considera que te debe un favor”, le ha dicho, palabras más, palabras menos, a interlocutores entrerrianos. Y cierra la reflexión con una frase conmovedora: “Al final del día, el único que no tiene cargo soy yo”.
Fuente: Página Política

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Interna Cambiemos Frigerio Entre Ríos UCR PRO

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