Es la primera vez en este siglo que el peronismo de Entre Ríos lleva un solo candidato para la gobernación. El alineamiento de todas las versiones del peronismo detrás de la reelección del gobernador Gustavo Bordet define un escenario electoral que se presenta, a priori, como el más polarizado desde 1999.

Es que en las cuatro elecciones provinciales anteriores, el peronismo llevó dos postulantes a la gobernación.

En 2003, Emilio Martínez Garbino fue como candidato del Nuevo Espacio Entrerriano y le disputó el voto peronista a Jorge Busti, que como candidato del PJ se terminaría imponiendo con el 45% de los votos. Martínez Garbino quedó tercero con el 18% y segunda la UCR, con Sergio Varisco como candidato a gobernador, que reunió el 34%.

En 2007, la división electoral del peronismo fue más explícita, ya que Julio Solanas con su lista 100, expresó un quiebre dentro del PJ, protagonizado por un grupo de dirigentes de la primera línea que resistió la decisión del entonces gobernador Busti de designar como sucesor a Sergio Urribarri.
También en esta elección ganó el candidato del PJ (Urribarri) con el 47% de los votos. Y también esta vez el segundo candidato peronista (Solanas) quedó tercero, con el 18%. La UCR, que llevó como candidato a Gustavo Cusinato, cayó al 20%, pero aun así logró retener el segundo lugar.

En 2011 también hubo fractura expuesta del peronismo. Fue encabezada nada menos que por Busti, el dirigente más influyente del peronismo contemporáneo de Entre Ríos, fuertemente enfrentado a quien había sido su delfín: Urribarri.
También esta vez ganó el candidato oficial del PJ, que fue Urribarri, con casi el 56% de los votos, un porcentaje histórico que logró por su cerrado alineamiento con Cristina Fernández, reelecta en su mejor momento electoral. El segundo candidato peronista (Busti) quedó otra vez tercero, y otra vez con el 18%. La UCR, que fue aliada al Partido Socialista y que llevó a Atilio Benedetti como candidato, siguió cayendo: arañó el 19%.

En 2015 se repitió la doble oferta peronista y el orden en los resultados. Ganó el candidato oficial del PJ, Gustavo Bordet. La segunda opción peronista, encarnada por la fórmula del Frente Renovador Adrián Fuertes –Jorge Busti, se ubicó tercera, con casi el 16% de los votos. Y segunda quedó la UCR, que estrenó alianza con el PRO en Cambiemos y, arrastrada por la ola nacional, recuperó un enorme terreno. El candidato de PRO, Alfredo de Angeli, quedó a sólo unos 20 mil votos de ser gobernador.

En 2019, no hay segunda opción peronista. Kirchneristas, massistas y demás versiones del pejotismo se unieron detrás de Bordet, el candidato oficial del PJ.

Esto es: no hay ningún peronista alternativo anotado por afuera del PJ para quedarse con ese entre 16 y 18 % que reunió en este siglo la tercera fuerza electoral en Entre Ríos.

La polarización se termina de configurar con la ratificación de Cambiemos, la alianza que desde 2015 viene uniendo a la UCR con el PRO y sectores de peronismo que hasta ese año se presentaban por separado a las elecciones provinciales.
Tercero
Los datos que arrojaron las dos últimas elecciones entrerrianas ratifican, en principio, las dificultades que enfrenta una tercera fuerza electoral no peronista para romper con esa polarización.

En 2015, fue el Partido Socialista el que quedó en esa posición. Pero muy lejos: la postulación a gobernador de Lisandro Viale por el frente Progresistas apenas si reunió el 2,3% de los votos en Entre Ríos.

En 2017, para las elecciones de diputados nacionales, el PJ fue unido. Ganó Cambiemos con el 53% y Benedetti a la cabeza de lista y el PJ cayó al 38%. El MST-Nueva Izquierda quedó como tercera fuerza electoral, pero con apenas el 4,73 %, relegando por muy poco al Partido Socialista al cuarto lugar con el 4,28%.

En 2019, trotskistas y socialistas parten de muy lejos como para ocupar el histórico lugar de tercera fuerza (entre 16 y 18%) de los peronistas Martínez Garbino en 2003, Solanas en 2007, Busti en 2011 y Fuertes en 2015.

El MST y el PS deberían multiplicar por cuatro los votos obtenidos en la última elección, que fue legislativa, es decir, cuando históricamente las terceras fuerzas más votos reciben porque no se ponen en juego cargos ejecutivos.

Es más, ninguna de las dos alternativas lleva candidatos competitivos para la gobernación y la apuesta realista pasa por alcanzar una banca en la Cámara de Diputados.
Fuente: Página Política

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