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Gracia Jaroslavsky cumple la cuarentena a medias. Colabora activamente en la coordinación de la emergencia sanitaria que se ha montado en su ciudad, Victoria, que gobierna el dirigente de Cambiemos, el radical Domingo Maiocco.

El último sábado, la diputada radical estuvo en una reunión con efectores de salud, por ejemplo. Hubo representantes del Hospital Salaberry, del Policlínico, del centro de salud. Ante la emergencia sanitaria, la desvela que haya una red de contención para que la gente pueda ser asistida en su casa: “Hay que coordinar una red de médicos, enfermeros, jubilados o en cuarentena, gente que pueda evitar que la población llegue, se agolpe en los centros de salud. Una red que te siga por teléfono, que eventualmente te pueda decir, ‘quédese en su casa, lo va a ir a buscar una ambulancia’. O por el contrario pueda darse cuenta que en realidad estás loca y que te derive a un psicólogo. Ahora con los fríos, naturalmente la gente va a necesitar hacer más consultas”, pronosticó.

También pone el ojo en el sector privado de la salud. De un lado, plantea políticas de rebajas impositivas, para lo cual impulsó un proyecto de ley; por el otro, insta al Estado a poner recursos, invertir y sacar provecho de lo que los sanatorios pueden ofrecer: “El sector privado necesita comprar equipamiento, estar en condiciones de atender la emergencia. Podría habilitar más habitaciones pero la verdad es que no tienen plata para las camas”, ejemplificó.

En la reunión del sábado, también se pensó el equipamiento de los centros de salud para montar allí los consultorios del hospital, a los fines de liberar el nosocomio para que pueda dedicarse exclusivamente a la emergencia por coronavirus. Por teleconferencia, sumó a la reunión la voz de quien está detrás, advirtiéndole acerca de lo que podría venir: Trinidad, su hija, cardióloga de 33 años que está al pie del cañón por estos días en Barcelona. “Está fascinada. Hablamos todos los días”, dice y confiesa que tiene miedo y que discutieron en febrero cuando volvió a la Argentina. La diputada la intentó retener aquí, ante el crecimiento de la pandemia. Pero no hubo caso: “Uno ya no elige. Eligen ellos”, asume.

“Trinidad se recibió de médica, en Rosario. Trabajó en el Sanatorio Plaza. Hizo una especialización en cardiología, en imágenes prenatales. Después se fue a Barcelona. Hizo un master en salud pública y gestión hospitalaria. Está trabajando allá. Y me taladra el cerebro todos los días para que hagamos lo que ellos no hicieron: invertir mucho en esta red de asistencia para que la gente no llegue en manada a los centros de salud. Es fundamental para que la gente se sienta contenida. Ahora no es nada. En plena crisis, cuando tiene coronavirus tu vecino, la consulta, el miedo es inevitable”, insiste.

Jaroslavsky tiene otro hijo, que reside en el campo, en Victoria: “Está haciendo cuarentena estricta con su familia, tiene hijos chiquitos”.
Quedarse en casa
-Cuando te quedás en tu casa, ¿cómo te llevás con la cuarentena?
- A mí me encanta no hacer nada.
-¿Te referís a que te gusta tejer, regar las plantas, o a no hacer nada de nada?
-Nada de nada. Esa situación me encanta. Llevo años de práctica taoísta, hago Tai Chi, meditación.

Asume que es un aprendizaje disfrutar de “no hacer nada”, confirmando una vez más que para occidente la imposición de una cuarentena como la que transitamos supone un desorden trascendental del biorritmo individual y social.
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La diputada tiene 62 años y se siente fuera de la denominada población de riesgo. Vive en Victoria con Juan Carlos, su pareja de los últimos 25 años. “Juan Carlos sí es población de riesgo, tiene 78”, distingue. “Juan Carlos está salvado porque hace huerta. Anda todo el día con sus plantas. Tiene de todo: tomate, lechuga, pimiento, de todo”, dice. Ella no ayuda en eso: “Estoy negada con la huerta pero es fundamental para la cocina”.

Si no está en modo zen, ni subida al tren del comité de emergencia de Victoria, la hija de Chacho Jaroslavsky hace lo que casi todo el mundo: “Veo Netflix, leo un montón, cocino, limpio, plancho”.

“Ya hace un tiempo estoy enloquecida con las novelas distópicas”, dice. Cayó atrapada por la famosa obra de Margaret Atwood, El cuento de la criada. Ha leído a Michel Onfray, lo último, una obra de 2017 titulada Pensar el Islam. Sobre el autor francés, Wikipedia dice que formula “un proyecto hedonista, ético y ateo”.

El último libro que tuvo la diputada en sus manos lo acaba de terminar y también viene a cuento del presente: 21 lecciones para el Siglo XXI, de Yuyal Noah Harari.

-¿Alguna serie para recomendar?
-Soy un desastre para acordarme de los nombres… A ver… Ví El verdugo; ví una serie Califato que está buena; tampoco está mal la serie Freud.
En Diputados
No es que la actividad legislativa esté frenada del todo: “Vamos a trabajar en comisiones con una plataforma virtual”, dice Jaroslavsky.

En la distribución de los diputados en los distintos grupos de trabajo, le ha tocado asumir la Presidencia de una comisión especial, la de Relaciones Internacionales: “Interesante. Vamos a tener que hablar con los países, con los vecinos. Tenemos que ver cómo hacemos para levantar el mundo que viene”.
Fuente: Página Política

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