El senador Raymundo Kisser sostiene una visión alejada del optimismo que por estos días exhiben dirigentes entrerrianos de Cambiemos en virtud del reciente triunfo electoral en la provincia.

“Antes que hacer una mesa de conducción de Cambiemos hay que discutir, en un congreso partidario, si esta alianza va a tener continuidad. ¿Vamos a tener un solo bloque en la Legislatura? Si hubiera voluntad de alianza no deberían quedar dudas. No le estoy dando partida de defunción. Sí veo que está languideciendo esta alianza, que está en terapia intensiva”, diagnostica quien encabezó en la última interna una de las listas de candidatos a las que la conducción nacional de Cambiemos le negó el pegado de boletas con la fórmula Macri – Pichetto.

“Soy aliancistas, pero en determinadas condiciones. Una: que si somos gobierno tenemos que compartirlo. Las hegemonías no sirven. Los radicales hemos entregado demasiado territorio, juntas de gobierno, municipios. Sin embargo, a la hora de repartir los cargos electivos nacionales y provinciales actuamos en igualdad de condiciones. Es más, en la última elección nacional, el que tenía dos bancas aseguradas era el PRO. La UCR sólo ganando obtuvo un senador”, destaca, en una entrevista con Página Política.

“Otra condición: tener una plataforma concreta, compatible con nuestra propia filosofía política radical”, acota Kisser.

-¿Se puede hacer eso con un partido liberal?
-Hay que consensuarlo. Porque el PRO terminó no siendo tan liberal, cuando incentivaron los planes sociales que tanto odiaban.

-Es verdad, liberal fue Menem.
-Claro. Estos son liberales de pico. Después, cuando las papas quemaron, archivaron el liberalismo y sacaron el populismo afuera.
La UCR
Kisser fue en estos cuatro años el dirigente de la primera línea del radicalismo que quizá más cuestionó el dominio de Rogelio Frigerio sobre el frente en Entre Ríos.

“Con la billetera del Ministerio del Interior manejó a los 29 intendentes de Cambiemos. En aras de mantener el poder logrado en los municipios, el radicalismo agachó la cabeza. Y Frigerio avanzó. Nos designó los presidentes del partido. Primero (Pedro) Galimberti y luego (Leandro) Arribalzaga, que termina siendo cuando Frigerio desarticula el apoyo de (Sergio) Varisco a una alternativa partidaria. Entonces se armó este comité debilitado, que es un rejunte y que como tal no funciona”, resume.

A juicio de Kisser, un intendente no puede ser presidente del partido “porque lo manejan desde el Ministerio del Interior y porque tampoco puede hacer oposición en la provincia si quiere defender los intereses del municipio. Tiene que ser alguien que no tenga compromisos”.

“La UCR quedo como el gran recolector de votos, por su gran desarrollo territorial, que está intacto. Pero necesitamos una conducción. (Atilio) Benedetti está muy pegado con Frigerio y no fue sincero en el congreso partidario que resolvió que las listas de senadores y diputados debían estar encabezas por radicales. Él ya tenía negociado en Buenos Aires que para el Senado iba De Angeli y que en Diputados ponía a Gabriela Lena”, reprocha.

El senador por el departamento Paraná afirma que en la UCR “hay mucha gente disconforme, con muchos pases de facturas pendientes, desde armados de listas provinciales, listas nacionales, pegados de boleta, intendencias que se perdieron, legisladores que no trabajaron sus territorios”.

Anticipa una discusión que, ineludiblemente, se debería dar el año que viene, para la renovación de autoridades partidarias. “Ya no vamos a tener el dedo de Frigerio desde el Ministerio del Interior. Se acabó la billetera. Creo que el partido se puede dar una muy buena conducción partidaria”

-¿Le interesa presidir el partido?
-No, prefiero estar en el llano y colaborar desde allí. Tal vez puede ser Paraná campaña. Pero lo que me interesa es trabajar con la gente joven en la formación. Algunos tenemos que corrernos, tiene que aparecer gente joven.
Corrupción
A continuación, el relato textual de Kisser, en primera persona, sobre una conversación con Frigerio:

De julio a diciembre de 2015, todos los lunes nos reuníamos con (Rubén) Pagliotto, (Guillermo) Mulet, María Ema Bargagna, (Esteban)Vitor, Osvaldo Fernández con el objetico de analizar toda la problemática de la corrupción del gobierno de (Sergio) Urribarri. Porque llegábamos al gobierno para trabajar en contra de la corrupción. Cuando yo le planteo esto en febrero de 2016 a Frigerio, en el Mayorazgo, reunidos todos los legisladores nacionales y provinciales, me dice: “No nos interesa perseguir la corrupción, la gente nos eligió para gobernar”.

¿Cómo? Yo me subí a una tribuna y dije que íbamos a perseguir la corrupción. Yo soy radical: que se pierdan mil gobiernos pero que se salven los principios; que se rompa pero que no se doble, le dije.

Se enojó conmigo. No sólo por eso, sino porque yo quería que se conforme una mesa de conducción de Cambiemos. Ese año se hizo todo un trabajito para desplazarme de la presidencia del bloque.

El gobierno nacional empieza a actuar contra la corrupción a partir de mayo de 2017. Cuando Durán Barba les dice que va mal la economía y la cuestión social y que así pierden las elecciones. Entonces propone actuar contra la corrupción, con claros fines electorales.

Tocan algunos resortes. Bonadío y demás. Empiezan a activar las causas de corrupción como el caballito de batalla que le permite ganar las elecciones en 2017. No hubo voluntad del PRO de actuar contra la corrupción, salvo cuando las papas quemaron.

Nosotros no tuvimos nunca una estrategia para actuar frente al gobierno de (Gustavo) Bordet en la provincia y tampoco frente a la oposición al gobierno nacional. Todo se fue dando sobre la marcha. Es como que también la política quedaba librada al mercado. Es cierto que esto se hace mucho en política. Pero hay principios que no son negociables: la honestidad y la transparencia no se negocian.

“El 40% no tiene jefatura”

En la mirada de Kisser, el 40% que reunió Juntos por el Cambio en las últimas elecciones “no es de Macri, es de la oposición a Cristina. Si alguien se atribuye la paternidad de esos votos se equivoca de acá a la China”.

Cuenta que para esa elección “los que me llamaron, los que vinieron, no eran ni radicales, ni del PRO. Había muchos peronistas que no querían que llegara Cristina”.

“A Macri parece que ahora le gusta juntarse con el pueblo. Se terminaron las pulseritas que te exigían para entrar a sus actos. Se dio cuenta que la vieja política, que tanto criticaron, fue la que le permitió llegar al 40%. Pero Macri no es jefe de la oposición y Frigerio tampoco. La gente que votó el domingo 27, en su inmensa mayoría no tiene jefatura”, remarca.

Fuente: Página Política

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