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¿Para qué convocar a un acuerdo? ¿Quienes son los actores? ¿Qué nueva etapa social abre el pacto?

La invitación al diálogo de Mauricio Macri, motorizada por el ministro del Interior, Rogelio Frigerio, erró con los puntos de la convocatoria. Casi que sólo son audibles para los mercados que necesitan certezas de continuidad. Sobre todo se equivocó al convertir en noticia cada paso en falso hacia la convocatoria con la que intenta recuperarse en año electoral.

Todos parecen yerros. Salvo que a la primera pregunta, ¿para qué convocar a un acuerdo?, se responda que el único fin es que los mercados lo lean en los diarios. Podrá ser, pero el costo termina siendo alto.

Acerca de los actores. Salvo la obvia adhesión de los socios de Cambiemos, y la también obvia del salteño Juan Manuel Urtubey, la invitación no cosechó más que críticas.

Entre los cercanos a Cristina Kirchner, Felipe Solá por caso, se evaluaron los puntos como “absurdos” y a la iniciativa como “manotazo de ahogado”. La crítica más resonante fue la de Sergio Massa que recibió un mensaje de whatsapp y se publicó en Clarín y que recibió un llamado de Macri y antes de cortar ya lo habían filtrado.

La novedad que trae este lunes es la voluntad de Frigerio de también convocar a Cristina, la dueña del mayor caudal de votos de la oposición que ha mandado decir que con los diez puntos como tema, no se sienta.
Nuevos escenarios
Un pacto pierde sentido, antes de ser firmado, si no es capaz de abrir un horizonte nuevo, justamente fruto del acuerdo, de las reglas convenidas.

Los diez puntos de Macri no proponen un nuevo escenario. Apenas sugieren la continuidad del estado actual de cosas, si a todo esto las cosas salieran bien desde la perspectiva oficialista lo que hasta el momento no ha ocurrido. Tanto, que ni siquiera hay un solo ítem que abra una perspectiva de repunte económico, que no traiga consigo más ajuste, reforma laboral, otra reforma previsional, veneración a los compromisos de pago de deuda externa.

Vale la pena un repaso: Lograr y mantener el equilibrio fiscal; 2) sostener un banco central independiente que combata la inflación hasta llevarla a valores similares al de países vecinos; 3) mayor integración al mundo, promoviendo el crecimiento sostenido de nuestras exportaciones; 4) respeto a la ley, los contratos y los derechos adquiridos con el fin de consolidar la seguridad jurídica, elemento clave para promover la inversión; 5) creación de empleo a través de una legislación laboral moderna; 6) reducción de la carga impositiva a nivel nacional, provincial y municipal y enfocada en los impuestos más distorsivos; 7) consolidación de un sistema previsional sostenible y equitativo; 8) consolidación de un sistema federal, basado en reglas claras, que permita el desarrollo de las provincias y que impidan que el gobierno nacional ejerza una discrecionalidad destinada al disciplinamiento político; 9) asegurar un sistema de estadísticas transparente, confiable y elaborado en forma profesional e independiente; 10) cumplimiento de las obligaciones con nuestros acreedores.
Mapa de la tercera vía
Si Macri buscaba acumular el caudal electoral que le falta pasando la red por “la ancha avenida del medio”, los diez puntos derivaron en lo contrario.

La casi siempre inmóvil “tercera opción” activó su debate interno y se puso a trabajar en los otros diez puntos que sí permitirían imaginar otro escenario posible.

Motorizado por Roberto Lavagna, que lo divulgó por Twitter este fin de semana, se dio a conocer un documento que sí fija pautas respecto de un rumbo económico pero que además jerarquiza otros factores que hacen al Estado y sus políticas como la educación y la salud, los derechos conculcados, la ciencia y la técnica, las herramientas de transparencia en la gestión.

Según lo afirmó el exministro de Néstor Kirchner, el decálogo de la tercera vía y los fundamentos de cada uno son de autoría también de Margarita Stolbizer, Ricardo Alfonsín, Miguel Lifschitz y Miguel Ángel Pichetto.

Lavagna asegura que el decálogo --con el que actualizó el hashtag #consenso19 que motoriza su candidatura--, es anterior al que elaboró Macri y su gente. Pero lo cierto es que recién empezó a tallar este fin de semana, con un texto que además habilita la crítica a la era de Cambiemos en la Rosada.

Se presenta como “Lineamientos básicos para un gobierno de unidad nacional”, basado “en preceptos profundamente humanísticos, apuntados al desarrollo integral para alcanzar un Estado con justicia y prosperidad”.

Plantean la convocatoria 1) a la unidad, el diálogo, la concertación social y la formulación de acuerdos básicos; 2) instituciones fuertes, estabilidad política y profundización de la democracia; 3) un proyecto de desarrollo integral; 4) una economía de mercado con un Estado promotor del crecimiento y la justicia social; 5) igualdad de oportunidades: educación de calidad para un trabajo con dignidad; 6) gobernar es generar prosperidad y crear trabajo; 7) federalismo y rediseño de la geografía económica argentina; 8) transparencia y decencia como eje fundamental del modelo de desarrollo; 9) defender la soberanía y la asegurar la paz interior; 10) una nación con presencia en el mundo.
Guiños, críticas y propuestas
En el primer punto, consignan que “una amplia concertación no puede ser sólo el recurso desesperado de gobiernos en situaciones de crisis, que intentan transferir a todo el sistema político el fracaso de su gestión”. En el punto dos, un guiño al radicalismo y al socialismo: la apuesta a fortalecer los partidos políticos.

Punto cuatro, el desarrollo. Se habla de la necesidad de “salir de la lógica del ajuste”; se critica “el aperturismo ingenuo”. Se propone una “reforma impositiva progresiva”; una política que “premie la inversión” y que “desaliente la especulación”. Se llama a la protección del medio ambiente y a jerarquizar el aporte de la ciencia y la tecnología nacional.

Acerca del rol del Estado (punto 5). Es su función “promover la actividad económica, no asfixiarla”. “Ni un Estado burocratizado ni uno capturado por los negocios particulares del poder”, postulan Lavagna y compañía que habla de un perfil del Estado “con una visión profundamente humanista que privilegie a los sectores más desfavorecidos”. Proponen como consigna de base “no más niños pobres en la Argentina”.

Advierten, en el punto 6, acerca de la necesidad de “encarar una modernización en el régimen de trabajo” en condiciones de consenso “entre las entidades empresarias y las organizaciones sindicales”.

Contra el concepto de “inclusión social” de los tiempos kirchneristas, aseguran que hay políticas que “no están orientadas a erradicar la marginalidad sino a una simple tarea de contención, a través de la perpetuación de un asistencialismo estatal asociado al clientelismo político”. Ponen en primer plano la necesidad de facilitar el acceso a la tierra y a la vivienda.

Corrupción. Advierten acerca de “un sistema estructural” que pone en jaque la democracia. Ponen el ojo en la Justicia, la necesidad de ser transparente y creíble. También se ocupan de Laura Alonso, sin nombrarla, al postular el fin de una Oficina Anticorrupción dependiente del Ejecutivo.

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Fuente: Página Política

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