Tania Acebal cometió un delito en el peor de los contextos. Hizo apología de un Golpe de Estado en caso de que Máximo Kirchner alguna vez sea elegido presidente.

Los dichos de la ex candidata a gobernadora, hija de un pastor, deben ser condenados al unísono por todos los representantes del Estado, partidos políticos y sindicatos sin distinción ni medias tintas.

Bolivia cayó en un Golpe cuando las fuerzas armadas le sugirieron a Evo Morales que renuncie. Luego coronaron a Jeanine Áñez, quien eximió a todos los integrantes de cualquier fuerza de seguridad de penalidad alguna, otorgándole carta blanca para la represión.

Chile se sumerge en un baño de sangre con carabineros autorizados a reprimir a una sociedad que enfrenta un modelo económico y social. Sebastián Piñera, a diferencia de Morales, controla a las fuerzas armadas. De hecho las ha reforzado para profundizar la represión. En ambos países se desangra la democracia de América Latina.

Ese es el contexto en que una trabajadora del Poder Judicial de Entre Ríos dice lo que dice en su perfil de Facebook. El hecho mereció una carta del Registro Único de la Verdad, organismo estatal, al presidente del Superior Tribunal de Justicia advirtiéndolo sobre el accionar de una empleada; y el partido de Jorge Busti, el Frente Entrerriano Federal (FEF), que condenó los deseos de Acebal. Punto.

Un antecedente de estas características se dio cuando la entonces fiscal de Federal Eugenia Ester Molina puso en su Facebook frases como: “Hay una gran diferencia entre lo que es una persona de color y un negro de mierda”; “Hijo de Don Piketero y Doña Planera, nieto de Peronia y alumno de Baradel. En una palabra, está frito el pibe”. El suceso, luego que se difundiera, sólo mereció la impugnación del Inadi.

Es peligroso caer en la banalización de expresiones que, a modo de síntesis, se adjudican a “loquitos”. Un amigo de este sitio sugiere una reflexión sobre esa valoración banal: “Para ser nazi no hace falta más que ser loquito”.

Jair Bolsonaro, cuando surgió como candidato a presidente, se le conoció el historial. Supimos que el jefe de Estado de Brasil reivindica la dictadura militar.

La UCR y el PJ no coincidieron en el Congreso en caracterizar lo ocurrido en Bolivia, pese a las tradiciones de cada uno de las fuerzas más allá de sus procederes y autocríticas a los largo de sus historias. La foto de Raúl Alfonsín y Antonio Cafiero ante el levantamiento carapintada fue la última expresión de los partidos tradicionales por la vocación de vivir en democracia. Fueron también, esos dos partidos, los que afianzaron desde el gobierno una política de Estado como la que respecta a los Derechos Humanos. La sociedad civil, sin partidismos, la tomó como propia. La inmensa movilización contra la Corte Suprema de Justicia ante el fallo del dos por uno para un genocida no dejó lugar a dudas ni retrocesos.

Por unanimidad, la Convención Constituyente entrerriana en 2008 incorporó a instancias del radicalismo con un proyecto de Fabián Rogel la cláusula de idoneidad que no permite ocupar cargos públicos a quienes hayan tenido una vinculación con la última dictadura militar. La misma, luego, fue relativizada. La letra constitucional, en definitiva, fue una conquista a 25 años de la vuelta a la democracia.
Fuente: Página Política

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