En el peronismo las cosas están bastante claras hace bastante tiempo, desde que se sabe que Gustavo Bordet no podrá seguir en el poder más allá de diciembre de 2023 y mucho antes de que se tenga la casi certeza de que el próximo presidente será peronista.

Hay anotados tres sucesores que en las últimas elecciones provinciales quedaron habilitados para probarse el traje: el intendente electo de Paraná, Adán Bahl y los intendentes reelectos de Concordia, Enrique Cresto y de Gualeguaychú, Martín Piaggio. Naturalmente, sus posibilidades de desarrollo político estarán ligadas a lo que puedan exhibir en sus gestiones y a lo que logren construir políticamente más allá de sus territorios. Pero está claro que los tres quieren.

En Cambiemos de Entre Ríos, el panorama es distinto. Tras el derrumbe en la consideración social que implicó el fracaso económico de Macri, todo se reformula.
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Rogelio Frigerio fue y es el jefe de Cambiemos en Entre Ríos. Pero su mando ha derivado centralmente de los recursos que dispuso desde el poderoso Ministerio del Interior, Obras Públicas y Viviendas. Aunque también le puso carisma y militancia, Frigerio no ha podido o no ha querido construir en Entre Ríos algo que pueda identificarse como “frigerismo”.
La provincia que el dirigente macrista adoptó como propia le sirvió para poder exhibir en otras altas esferas de la política un territorio propio, al menos formalmente. En los hechos, Entre Ríos ha sido para Frigerio una segunda ocupación. Su lugar fue siempre la Capital Federal y la provincia que queda cruzando el río Paraná operó estos años como una casa de fin de semana adquirida un lustro atrás, a la que viajó cuando tuvo tiempo. Gobernar Entre Ríos no ha estado entre sus prioridades.
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Atilio Benedetti fue quien siempre quiso gobernar la provincia. El líder de la corriente Arturo Illia compitió en 2011, como candidato de un frente de perfil progresista y resultó aplastado por la fuerte ola reeleccionista de Cristina Fernández y Sergio Urribarri.
Lo volvió a intentar en 2015, en alianza con una fracción no kirchnerista del peronismo que duró lo que un suspiro: el PRO, a través de Frigerio, negó en Entre Ríos el pegado de la boleta de Mauricio Macri (el único postulante presidencial competitivo de ese momento) y dejó a la UCR sin candidato a gobernador por primera vez en su historia. También se bajó en esa oportunidad el radical Fabián Rogel, que se ofrecía como una alternativa.
Finalmente, Benedetti volvió a intentarlo en 2019 y el resultado fue una derrota por 22 puntos de diferencia frente a un peronismo reunificado, al que había vencido como candidato a diputado nacional en 2009 y en 2017. Para legislador si, para gobernador no.
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Sergio Varisco era, por trayectoria, por formación y desarrollo político, por estar al frente del gobierno de la capital provincial, un candidato natural a la gobernación. Pero no pudo haber hecho las cosas mejor para facilitar el regreso del peronismo a la Municipalidad de Paraná. Y para malograr su carrera política personal.
No son pocos en la política entrerriana –no sólo radicales- los que consideran penoso asistir a lo que definen como el “ocaso” de un dirigente que, tras la derrota electoral de junio, hizo –afirman- un virtual “abandono” del poder, jaqueado por una causa federal que lo vincula a una banda de narcotraficantes –con dos de sus estrechos colaboradores en prisión hace más de un año- y por un par de causas provinciales que podrían inhabilitarlo para el ejercicio de la función pública.
Caras nuevas
Desde su nacimiento en marzo de 2015, Cambiemos no ha variado mucho en su composición en la provincia. Es, básicamente, una alianza entre un partido con historia y territorio como la UCR y un partido nuevo, chico, pero con poder, como el PRO. Desde diciembre, según parece, ese poder ya no estará.

De las 29 intendencias en manos de Cambiemos en Entre Ríos, 27 son de la UCR. Y los dos intendentes macristas carecen de vuelo político propio. Es entonces entre los jefes comunales radicales donde hay que mirar para buscar una referencia hacia 2023. En el raso paisaje de la derrota asoman los jefes comunales que hicieron buenas elecciones en sus distritos.
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A la cabeza está Pedro Galimberti, que en junio hizo la mejor elección de Cambiemos. El intendente de Chajarí corre además con otra ventaja sobre el resto de sus pares: ya dio sus primeros pasos de instalación provincial en el último proceso electoral, que terminó definiéndose internamente con la candidatura única de Benedetti. Sonó como el candidato a gobernador alternativo, impulsado por Frigerio. Pero la trayectoria y el conocimiento público de Benedetti pudieron más.

Galimberti forma parte de la línea interna que lidera el ex diputado y ex precandidato a gobernador Fabián Rogel. En estos años como funcionario del gobierno nacional guardó un bajo perfil político en la provincia. Pero su grupo se mantuvo activo, con una identidad que tuvo más que ver con las posiciones que el dirigente sostuvo en la histórica convención radical de Gualeguaychú de marzo de 2015, a favor de otro modelo de alianza, distinto al que se terminó aprobando.

Galimberti podría equipararse dentro de Cambiemos a Cresto, Bahl y Piaggio en el PJ. Está claro que quiere ser. Es el único que reúne estas condiciones en Cambiemos.
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En la lista de dirigentes con proyecciones provinciales algunos cuentan a otros intendentes exitosos, como Darío Schneider (Crespo) o Bruno Sarubi (La Paz).
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Sin embargo, ninguno de los dos ha expresado hasta ahora la vocación de poder de Galimberti.
Paraná

Una de las mayores incógnitas de la próxima etapa es qué pasaría con el varisquismo si Varisco quedara efectivamente fuera de juego. Cómo impactaría internamente y de qué modo se cubriría ese vacío en Paraná. El electorado no peronista –que en la ciudad ha estado por encima de la media provincial- seguirá existiendo y buscando quien lo represente.
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La última interna para la intendencia, del 14 de abril, dejó una foto. Detrás de Varisco quedó el concejal de PRO, Emanuel Gainza, uno de los pocos referentes entrerrianos del macrismo que muestra una clara vocación ejecutiva y no se contenta con espacios legislativos de poder. Con dos bancas en el próximo Concejo Deliberante, el joven dirigente trabajará en la construcción de una alternativa que supere los estrechos confines partidarios del PRO.
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La foto de la interna se completa con otro radical en el tercer lugar: el exconcejal Gustavo Curvale por el sector de la UCR que lidera Benedetti.
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El otro histórico sector del radicalismo de Paraná, que lidera Rogel, no compitió esta vez por la intendencia. Pero estará en la discusión que se viene. Rogel fue como candidato a senador y perdió. Pero tendrá a una dirigente de su sector, Sara Mercedes Foletto, ocupando una banca en la Cámara de Diputados.

La interna radical

Para la nueva etapa de Cambiemos, con el macrismo ya fuera del poder nacional, será importante lo que ocurra en la UCR de Entre Ríos, que el año que viene debe renovar su conducción partidaria.

El dominio del PRO (Frigerio) sobre la UCR entrerriana no se explica sólo en los frondosos recursos de los que dispuso el ministro en estos cuatro años. También en la docilidad que presentó un radicalismo atomizado, carente de liderazgos fuertes que lo cohesionen internamente.

La vida interna de la UCR seguirá estando signada por la corriente Illia de Benedetti; por el grupo de Rogel/Galimberti; y por un conjunto de expresiones que en las últimas instancias internas buscaron ofrecer una alternativa común.

La más reciente fue la que quedó fuera del acuerdo con Frigerio para la lista “oficial” y compitió con boleta corta en las primarias de agosto, con el senador Raymundo Kisser y el intendente de Villa Elisa y presidente de la UCR, Leandro Arribalzada a la cabeza. Han expresado su voluntad de construir una nueva alternativa en el partido.

En la interna anterior hubo un intento fallido por promover al diputado Jorge Lacoste como presidente del partido y luego como postulante a la gobernación. Aquella vez había jugado fuerte el varisquismo, que en las recientes primarias de agosto prácticamente no intervino.

Fuente: Página Política

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