Se puede decir que Laura Stratta fue la dirigente del año, en caso que existiera un premio, como el Martín Fierro. Fue elegida como vicegobernadora y electa como tal quedándose con la cucarda de ser la primera mujer que alcanza ese lugar.

Integró la fórmula luego de una gestión inteligente al frente del Ministerio de Desarrollo Social, la cartera política en recursos y alianzas. Todo lo que salió de allí fue con buenos resultados.

La ministra no negó nunca el kirchnerismo y desde el día en que asumió fue de las funcionarias de mayor confianza de Gustavo Bordet. Como si fuera poco, la estima la esposa del Gobernador, Mariel Ávila.

Conformó un equipo de trabajo que funcionó y se enroló en la política de desarrollo social que tiene las principales directrices que dicta la Iglesia. Institucionalizó la relación del Gobierno con las organizaciones sociales y visibilizó a los actores de la economía popular en el lugar donde se ejerce el poder: la Plaza Mansilla. Las ferias de productos entrerrianos suplantaron a los autos del funcionariado.

Ese ecosistema que promueve el Papa lo entendió Bordet y Stratta fue la ordenadora. La fórmula, ya electa, abrió la jornada convocada por la Comisión de la Pastoral Social de la Conferencia Episcopal Argentina. El encuentro que se desarrolló los últimos días de septiembre en el Centro Provincial de Convenciones contó con la participación de economistas, la mayoría de ellos vinculados al peronismo y a los equipos de Alberto Fernández.

Otro organismo de la Episcopal le otorgó, la semana pasada, una distinción al reconocido defensor de los humedales de Paraná, Luis Alberto “Cosita” Romero, quien se desempeña como tallerista del programa Cuidadores de la Casa Común, creado a finales de 2015 en respuesta a la Carta Encíclica Laudato Si del Papa. El paranaense fue condecorado por Gustavo Béliz, un hombre de la Iglesia, asesor de Fernández, que estuvo en la jornada de la que participaron Bordet y Stratta.

Su relación con la gente, que es más tributaria que con la dirigencia, la narran sus colaboradores. Y quienes la estiman, por supuesto. La empatía con los sectores emprendedores, por citar un ejemplo, hay que buscarla cuando Stratta gestionaba los microcréditos del Banco de la Buena Fe. Estos cuatro años manejó un presupuesto importante y un buen trabajo comunicacional la tuvo durante los cuatro años en la primera plana. Bordet – distanciado de su vicegobernador Adán Bahl- la llevó a todos los rincones de la provincia.

La puesta en escena más importante fue en el acto de cierre en Mar del Plata. Estuvo en el escenario con la fórmula que se impuso el domingo siguiente.

Ahora asumirá la presidencia del Senado, un ámbito en que la política se suele hacer para adentro. El Poder Legislativo no tiene preponderancia ni impacta demasiado en la gestión de gobierno, sacando salvadas excepciones. Tampoco conmueve a la sociedad civil. Bahl llegó a ese lugar luego de haber sido un superministro con presencia en la agenda diaria. El intendente electo no tiene una fina relación con su sucesora como para contarle su experiencia. Sin embargo, los dos, coinciden en algo: pueden ser los sucesores de Bordet en 2023 y en caso de que así sea sólo tienen la posibilidad de presidir el Gobierno por un mandato. Quizás eso los acerque.
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Fuente: Página Política

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